Archivo del Autor: aconverac69

Humo

Es ensordecedor el silencio de esta noche ermitaña en la que el fusil sesgado de la memoria, dispara a bocajarro contra las grietas de mi garganta.

Me fumo las esferas de un reloj descolgado en medio de la sala. Una sonrisa triste asoma hasta mis labios y desaparece tras esa cortina de humo donde solo pueden esconderse las vocales abiertas de la nada.

N

a

d

a

y tu nombre, que aún tiene eco entre los restos mortales de todas mis palabras. Las cenizas que cuelgan de mi boca, se suicidan una tras otra en el espacio intercostal de una única lágrima.

 

 

humo

Anuncios

143.-

recitame

A veces soy un poema, herido de nostalgia, crucificado en la multitud de tu nombre

La hiedra, que prolifera en el jardín de tu boca, es venenosa, y yo, que aún desconozco el antídoto, me desoigo, y siento que podría morir, que merece la pena morir entre los puntos cardinales de esta brújula rota, que me acerca a la incandescencia, al punto de ebullición del vértigo.

Nunca supe cobijarme ni cobijar mi piel de esa hora bruja, en la que inevitablemente, la carne se desboca.

La noche gime y el verso impar de tu boca escribe esdrújulas sobre mi sexo acentuando mi deseo mientras siento que soy un poema inconcluso a las afueras de tu piel.

Ven.

Solo ven y

R  e  c  i  t  a  m  e.

a.c.a.c

136.-

aun3

Desabrochas el misterio de la carne con apenas un chasquido mientras tu lengua, mariposa sonrojada y carnívora, se alimenta.

Me alimenta.

Las huellas dactilares de tu boca, descifran en mi cuerpo el mapa desnudo de cada sonido.

Me haces hembra.

Aullido.

Lames dulcemente ese líquido deseo que atropella en silencio el paisaje de mis muslos y cuelga en mitad de la tarde tu nombre,

tu nombre

tu nombre

y todos mis gemidos.

44.-

Hay noches que no puedo dormir.

Tengo el sexo inundado de memoria.

Rebosas en mí.

Tu lengua incandescente desayuna conmigo mientras el frío del cristal castañetea y mira con envidia mis ojos marinos iluminados de abril

o de ti.

Desde que estás cerca puedo volar y correr (y correrme) en la sinfonía de un gemido mientras Albinoni suena a lo lejos.

La lluvia se ha convertido en una excusa para vivir empapada y sentir como crecen flores en mi vientre cuando eyaculas mi nombre y un torrente de ternura me hace primavera.

Si las vírgenes supiesen de la existencia de tu boca cogerían número para rezarte a solas.

Hay noches que no puedo dormir

en mí.

a.c.a.c